Iglesia de San Severino (Balmaseda)

Querido visitante, te adentras en la iglesia de San Severino, templo que ha sido visitado a lo largo de los siglos por cientos de viajeros y peregrinos buscando momentos de paz, recogimiento y oración. La fundación de Balmaseda fue en el año 1199 y tiene el honor de ser la Villa más antigua del Señorío de Bizkaia. Siglos antes ya era centro neurálgico del comercio entre el mar y la meseta, así como entre los peregrinos camino de Compostela.

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Al entrar, tu primera mirada se dirige hacia la capilla del Santo Cristo que se encuentra frente a ti, en la nave opuesta. Te invitamos a que comiences tu visita dirigiéndote hacia los pies de la nave, dejando la visita a tan noble capilla para después. Junto a la entrada, aparecen los sepulcros góticos en los que descansaron los Señores de Bortedo, fundadores de la villa. Proseguimos el recorrido llegando a la puerta de poniente y a su izquierda, puedes encontrar una pequeña capilla mariana, con tallas de Nuestra Señora de Begoña, la Virgen del Pilar y la Virgen de la medalla milagrosa. Son imágenes sencillas, pero de gran devoción popular. Igual devoción tienen los habitantes de Balmaseda por el hijo de la villa, el Beato Pedro de Asúa, arquitecto, sacerdote y mártir, en cuya capilla situada al fondo de la nave del Evangelio se conserva una de sus reliquias.

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Dirígete hacia la cabecera de la iglesia. Hazlo por el pasillo central. Desde aquí puedes apreciar la estructura gótica, admirable por su coherencia y sobriedad, distribuida en 3 naves abovedadas de diferentes alturas y soportadas por 6 esbeltas columnas dispuestas en 4 tramos. A tu espalda, puedes observar el magnífico rosetón con una estrella de cinco puntas situado sobre el valioso órgano francés, donado por Don Martin Mendía, indiano natural de la villa que hizo fortuna en México y cuyo monumento quizás hayas visto en la plaza, antes de acceder al templo.

Llegas a la cabecera de la iglesia, cuyo altar preside San Severino, obispo de Treveris, ciudad de la que debió huir a Burdeos en el año 407 para escapar de la invasión bárbara. Allí fue acogido con cariño por el obispo Armand, pero la caridad y sabiduría de Severino hacen que sea considerado por los bordeleses como su propio obispo. Sus restos reposan en basílica de Saint-Seurin en la ciudad de Burdeos. La devoción al santo debió llegar con los aquitanos, primeros pobladores de  la villa, allá por el siglo VIII o, posteriormente por peregrinos francos devotos de Severino que se dirigían a la ciudad de Compostela. Las dos son hipótesis más que plausibles. Su fiesta se celebra con gran fervor el 23 de octubre.

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La luz, entendida como símbolo de la divinidad, es elemento fundamental de la arquitectura gótica. Esa luz penetra por los 7 grandes vanos del ábside con dos filas de imágenes. Identifiquemos la iconografía de tan bellas vidrieras. En la fila superior, presiden el conjunto el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María.

Acompañando a estas figuras se extiende, de izquierda a derecha, el Colegio Apostólico. A la izquierda aparecen los siguientes apóstoles: San Judas Tadeo, Santiago el Menor, primer obispo de Jerusalén y pariente del Señor, San Bartolomé, San Simón, San Andrés representado con una cruz en forma de aspa en la que fue crucificado y su hermano, San Pedro, primer Papa con las llaves del cielo en su mano.

En la parte derecha puedes contemplar las imágenes de los otros 6 apóstoles. El que se encuentra junto al Corazón de María es Santiago el Mayor, cuyo sepulcro es el final de la ruta jacobea que pasa por esta villa. Junto a él, está su hermano San Juan, evangelista y apóstol predilecto del Señor. Las siguientes figuras corresponden a Santo Tomás, San Mateo Evangelista, San Felipe y San Matías, discípulo y después apóstol en sustitución de Judas.

En la fila inferior aparecen los siguientes santos de izquierda a derecha:

San Ambrosio y San Gregorio Magno, dos de los grandes doctores de la Iglesia; San Bernabé y San Pablo; San José y San Juan Bautista. La vidriera central la ocupan San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen. Prosigue la fila con las figuras de San Zacarías y Santa Isabel, padres del Bautista; los evangelistas San Marcos y San Lucas; para finalizar con los otros dos grandes doctores de la Iglesia, San Agustín y San Jerónimo.

Después de este paseo visual a la colorida iconografía del ábside, puedes contemplar a tu derecha la imagen de San Juan Bautista, a cuyos pies está situada la pila bautismal de la parroquia. En el muro de la nave aparecen dos tumbas cubiertas de un pulido mármol blanco que contrasta con la sobria piedra del templo. Del mismo modo, a tu izquierda, pasada la puerta ojival de la sacristía, puedes contemplar a San Miguel Arcángel, la talla más bella y antigua del templo, realizado en el año 1525. Cerca de la talla, se abre la primera de las capillas de la nave del Evangelio, la capilla de Nuestra Señora del Carmen. Está presidida por una moderna imagen de dicha advocación y a su derecha, bajo un monumental blasón, está situada la hornacina con la imagen de San Roque, copatrono de Balmaseda, realizada en el siglo XVIII.

Saliendo de la capilla del Carmen y a tu derecha, encuentras la tercera tumba gótica del templo. Se trata de un sepulcro del siglo XIV y aunque se desconoce a quién pertenece, se afirma que podría tratarse de Enrique de Lucerga, caballero balmasedano que junto al rey Jaime I el Conquistador tomó parte en la toma de Valencia en el año 1238.

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La capilla del Santo Cristo de la Misericordia es la siguiente que encuentras en esta nave. Es la capilla más antigua del templo y una verdadera maravilla del Renacimiento. Adéntrate en ella y podrás ver cómo su perfecta planta cuadrada pasa a ser octogonal en su parte superior. La capilla queda cubierta por una bellísima bóveda estrellada de 8 puntas de estilo plateresco. La otra joya que encontramos es el retablo que preside la capilla. Éste representa el Calvario, la muerte de Cristo en la cruz, pero no entendida como una derrota sino como la antesala del triunfo definitivo sobre la muerte que llegará el Domingo de Resurrección.

El retablo fue concebido como un arco de triunfo. Puedes detenerte en cada una de las extraordinarias piezas del conjunto. El zócalo está compuesto por 3 magníficos relieves. El primero corresponde a Cristo camino del Calvario y representa el momento de la primera caída con la Verónica y el Cirineo. El  relieve central es el de la Resurrección, cuya relevancia queda subrayada por su posición y su paralelismo con la imagen del padre Eterno con la que queda unido por la cruz central. El último relieve es el de la Quinta Angustia, momento en que la Virgen se desmaya ante el cuerpo sin vida de su Hijo.

Sobre dos columnas corintias aparece en el arco Dios Padre entre ángeles que le adoran. Mientras, en las enjutas del arco, otros dos ángeles portan la túnica del Señor y la columna donde fue flagelado. Este arco del triunfo enmarca el cuerpo principal del retablo. Sobre un fondo pintado de la ciudad de Jerusalén, destaca la perfección en las formas del Cristo crucificado, mientras que las figuras de la Virgen y San Juan permanecen agitadas por el dolor ante el drama de la Cruz. Serenos y fuera de la escena vemos a los hermanos San Pedro y San Andrés, quizás asumiendo la cruz como instrumento de triunfo, ya que también fueron martirizados en ella.

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Acaba la visita al templo, deseando que tu visita haya sido grata. Pero antes de que prosigas tu camino por la vida, te invitamos a un rato de recogimiento e interiorización ante la presencia eucarística del Señor en el Sagrario. Cristo vivo nos ha salvado y redimido, nos ha regalado gratuitamente la vida eterna y está siempre a nuestro lado. Para ello, ponemos a tu disposición algunas oraciones que pueden ser útiles.


ORACIÓN AL CRISTO DEL CALVARIO (Diego Velázquez y Gabriela Mistral)

En esta tarde, Cristo del Calvario, vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.
¿Cómo quejarme de mis pies cansados, cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías, cuando las tuyas están llenas de heridas?
¿Cómo explicarte a ti mi soledad, cuando en la cruz, alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor, cuando tienes rasgado el corazón?
Ahora ya no me acuerdo de nada, huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía se me ahoga en la boca pedigüeña.
Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo la llave santa de tu santa puerta. Amén.

ORACIÓN DEL POETA LEÓN DE FELIPE QUE VIVIÓ EN BALMASEDA

“Nada se ha inventado sobre la tierra más grande que la cruz. Hecha está la cruz a la medida de Dios, de nuestro Dios. Y hecha está también a la medida del hombre… Hazme una cruz sencilla, carpintero…, sin añadidos ni ornamentos, que se vean desnudos los maderos, desnudos y decididamente rectos: los brazos en abrazo hacia la tierra, el astil disparándose a los cielos. Que no haya un sólo adorno que distraiga este gesto, este equilibrio humano de los mandamientos. Sencilla, sencilla…. hazme una cruz sencilla, carpintero.
Aquí cabe crucificado nuestro Dios, nuestro Dios próximo, nuestro pequeño Dios, el Señor, el Enviado Divino, el Puente Luminoso, el Dios hecho hombre o el hombre hecho Dios, el que pone en comunicación nuestro pequeño recinto planetario solar con el universo de la luz absoluta. Aquí cabe… crucificado… en esta cruz… Y nuestra pobre y humana arquitectura de barro… cabe… ¡crucificada también!” (León Felipe)

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

ORACIÓN PARA HACER DELANTE DE ALGUNA DE LAS VÍRGENES DEL TEMPLO

“Padre Nuestro camino de fe está unido de manera indisoluble a María desde el momento en que Jesús, muriendo en la cruz, nos la ha dado como Madre. En aquella hora en la que la fe de los discípulos se agrietaba por tantas dificultades e incertidumbres, Jesús les confió a aquella que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás. María en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.
Padre, que María nos acompañe en los momentos duros y difíciles de la vida, como acompaño hasta el final a tu hijo Jesús y a sus discípulos”.

 

Si estás realizando esta visita en días de Semana Santa, podrás ver cómo las gentes de Balmaseda la viven con devoción y toman parte en la “Pasión Viviente” que ya forma parte del alma de esta villa. Si son otras fechas, no olvides planificar tu próxima visita por esta tierra para tan señaladas fechas. Web Via Crucis Balmaseda

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